miércoles 22 de febrero de 2012

El Chasqui que dio la vuelta al mundo

Es conocido como el último chasqui. En el 2005 obtuvo el Premio Nacional de Derechos Humanos tras recorrer todo el país llevando un mensaje de paz ad portas del primer aniversario de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. El año pasado History Channel lo eligió para elaborar una serie de documentales bajo el nombre de Exploración Inca, que devela los secretos del Tahuantinsuyo. ¿Quién es este hombre que recorre el país a pie desde hace 20 años?



Felipe “El Chasqui” Varela acaba de volver de San Bartolo, una playa ubicada al sur de Lima. En ese lugar disfruta de sus cortas vacaciones junto a su familia después de un agotador 2011. Está sentado en una cafetería limeña y viste como para partir de viaje: unas zapatillas montañeras, un short, un morral, un reloj y una gorra. Parecer siempre estar listo para partir. Él es el hombre que el prestigioso canal de televisión History Channel eligió para conducir “Exploración Inca”, el documental de cuatro capítulos sobre el imperio del Tahuantinsuyo”, que se ha difundido no solo en Latinoamérica sino en países tan lejanos como Israel, India, Nueva Zelanda y por supuesto Estados Unidos.

Varela dice con modestia que su elección la obtuvo gracias al apoyo y reconocimiento que ha obtenido en las redes sociales durante los últimos años. “La producción de History Channel  había seguido mi trabajo a través de las publicaciones que hago en mi blog y en el Facebook, por eso me llamaron para un casting”, dice.
Realizó el casting en los últimos meses del 2009 y obtuvo el puesto. Vale decir que Varela no es ningún improvisado, cuenta con estudios en Comunicación Social en la Universidad de Brasilia y tiene una experiencia gravitante en la historia de los incas, gracias a sus continuas exploraciones por el Qapac Ñam, ese largo camino tatuado en los Andes. Por eso, durante todo el 2010 participó directamente en las labores de producción y las sesiones de grabación en la costa, sierra y selva peruanas, así como regiones de Bolivia y Ecuador.
            “No fue fácil armar los guiones del documental, la información bibliográfica del Tahuantinsuyo era abismal. Asimismo había que lidiar con conceptos e interpretaciones erróneas que incluso se dan por ciertas en los libros peruanos”. Entonces su trabajo también fue el de guiar hacia que fuentes se debía utilizar.
 

HISTORIA DE UNA DECISIÓN
        El padre de Felipe Varela era un oficial de la extinguida Guardia Republicana, por lo que la infancia del chasqui estuvo llena de constantes viajes. Cuando entró a la adolescencia descubrió la meseta de Marcahuasi, en la serranía de Lima. Cada fin de semana se dirigía hasta ese lugar para realizar largas caminatas y escalar las montañas. “Me gustó estar en contacto con la naturaleza y sabía que a eso quería dedicarme”. 
      Por eso, años más tarde tras intentar ser un suboficial de la policía y un ingeniero electrónico obtuvo una beca para estudiar Comunicación social en Brasil. En la década de 1990 regresó al país con una sola intención: poner en valor el Qapac Ñam, ese camino incaico que tiene más de 5mil kilómetros de longitud y que atraviesa seis países sudamericanos. Durante años ha viajado a pie por estos caminos, los cuales ha aprendido a conocer no solo a través de información bibliográfica a la que siempre recurre sino también a través del trabajo de campo que realiza.
    ¿De qué vive el chasqui? Durante todos estos años ha presentado proyectos al Ministerio de Turismo y Comercio Exterior, el Instituto Nacional de Cultura, gobiernos regionales y municipales para impulsar la recuperación de diversos tramos de los caminos incaicos. Su aporte ha sido vital para que los pobladores de pueblos alejados en la sierra comprendan la importancia de esos caminos por los cuales transitan a diarios y de los que pueden obtener un gran potencialturístico.
      No solo eso, en el 2005, obtuvo el Premio Nacional de Derechos Humanos por llevar un mensaje de paz a 12 departamentos del país padecieron en la década de 1980 de la violencia terrorista. “Llevaba una bandera y un pututo que anunciaba mi llegada a cada ciudad, fui nombrado huésped ilustre y en cada lugar me recibían como si fuese uno más de ellos”. Su meta final fue el Campo de Marte, en Lima, a donde llegó el 28 de agosto tras varios meses de caminata, allí se celebraba el segundo aniversario de la entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

TRAS EL DOCUMENTAL
    El chasqui comenta que el trabajo llevado a cabo en el documental fue muy profesional. Se rompieron mitos: los incas jamás tuvieron una bandera, la celebración del Inti Raymi no fue la fiesta más importante del Tahuantinsuyo, sino el Capac Raymi. También se demostró con recreaciones y la opinión de expertos que los peruanos si pudieron construir Machupicchu y otras grandes obras. “Hubo demostraciones de cómo se picaron y trasladaron las piedras desde las canteras, se realizó el tejido de los puentes y de cómo no se necesito de la rueda para los trabajos de ingeniería”, agrega.
     Otro punto que se deja en claro en los cuatro programas dedicados a la civilización inca es que el desarrollo alcanzado por esta cultura es la culminación de un proceso que partió hace más de 10 mil años. “El avance que lograron los incas no habría sido posible sin la existencia de las culturas anteriores como los Chimú, Tiahuanaco, Paracas, Mochica, entro otros. De ellos obtuvieron los conocimientos y las técnicas que luego implementaron con inteligencia”. Lo dice sin una pizca de broma en su rostro. El mensaje está claro hay que valorar a las culturas que estuvieron antes de los incas.
     Hoy, tras la difusión del documental y el éxito que ha alcanzado en los medios periodísticos nacionales e internacionales Felipe se siente satisfecho de su trabajo. “Se ha transmitido conocimientos e investigaciones científicas que han llegado, a través del canal, a países de todo el mundo. Hemos mostrado el verdadero rostro de la civilización inca y no el fantasioso que muestran muchos”.
      El chasqui tiene varios proyectos para este 2012. Uno de ellos es presentar a History una nueva propuesta de documental, esta vez relacionado con el Qapac Ñam. “Este camino fue creado para unir centros de producción y no pueblos como se cree erróneamente. Recorre infinidad de pueblos en cinco países de la región y su revaloración permitirá que estos poblados puedan salir del olvido”.
     Otras de sus tareas serán explorar un camino inca ubicado en Asia, muy cerca de Lima, que se denomina Uquira y donde el Tahuantinsuyo tuvo un centro poblado y de producción y uno más que se halla en la región norte del Perú entre Piura y Lambayeque. También investigará unos caminos preincas que llegaban desde la costa Atlántico hasta el Cusco, se presume que los guaraníes, quienes fueron los primeros pobladores del Brasil, realizaron esta gran obra hasta ahora poco conocida.
     El sueño de Varela es que el tiempo le alcance para lograr que el Qapac Ñam recupere el valor que tuvo en tiempos de los incas. Consultado sobre la posible denominación de Patrimonio Mundial de la Humanidad de esta red vial no se emociona.  “Solo hay camino inca en perfectas condiciones, completamente señalizado y que reporta ingresos turísticos: el que nos lleva a Machupicchu. Quisiera no decirlo pero una denominación no creo que sirva, sino la preocupación y acción del gobierno peruano”, finaliza el chasqui que le ha enseñado a numerosas personas que esas piedras sobre las cuales dan sus pasos es el fruto de una civilización tan peruana como antigua: los incas.

sábado 18 de febrero de 2012

De Bolivia para el mundo

Recuerdo que en casa crecí oyendo a Los Kjarkas, un grupo boliviano que en la década de 1980 se presentó ante el mundo con esta canción. Estos jóvenes liderados por los hermanos Hermoza demostraron en cada uno de los cientos de conciertos que dieron en países de Latinoamérica, Europa y Asia que su repertorio eran tan inmenso como el talento de cada uno de sus integrantes. No en vano, su trayectoria ha sido impecablemente exitosa a lo largo de sus cuatro décadas de existencia: primero conquistaron Bolivia y luego el mundo.

Como iba diciendo, la música de esta agrupación me atrajo desde un primer momento. Mientras escribo se me vienen muchas imágenes a la memoria. Como por ejemplo: colocando el casett en el equipo de sonido antes de iniciar mis tareas o intentando seguir complicados pasos al ritmo de un tinkus, tobas o saya. Con el avance de la tecnología recurrí a los Cds gracias a la enorme ayuda de un discman que me obsequiaron en un cumpleaños. Hoy, que he migrado hacia el Internet y la eficiencia del Youtube, decidí compartir con ustedes una lista de reproducción compuesta por un puñado de canciones de esta legendaria agrupación.

jueves 16 de febrero de 2012

EL PERUANO QUE QUISO DERRIBAR A UN OVNI (Y NO PUDO)


En abril de 1980, el piloto Oscar Santa María, entonces oficial de la FAP, tuvo una misión peculiar: derribar un ovni que sobrevolaba la Base Aérea de La Joya, en Arequipa. Durante dos décadas la historia se guardó bajo siete llaves como un secreto militar. Pero a inicios de este siglo, papeles desclasificados del Departamento de Defensa de los Estados Unidos notificaron el suceso: en el Perú un piloto había atacado fallidamente a un ovni y más de 1800 hombres de armas habían sido los testigos. Entonces su vida cambió, lo invitaron a conferencias internacionales, un canal estadounidense lo buscó para hacer un documental, brindó entrevistas como nunca antes, pero muchos no le creyeron. ¿Le creerías a un hombre que asegura haberle disparado a un ovni?

La mañana que cambió la vida de Oscar Santa María está marcada en su memoria: 11 de abril de 1980. Ese día, la rutina empezó demasiado temprano para él como piloto, a las 4:30am. Su primera tarea fue  cerciorarse que su nave estuviera en perfectas condiciones. Un par de horas más tarde, mientras todo el personal de la base estaba formado en el patio, un objeto en forma de globo se erigió en lo más alto del cielo arequipeño. Ningún radar lo detectó, pero estaba ahí, al alcance de los ojos.

Tres décadas más tarde, Oscar Santamaría recuerda nítidamente el suceso mientras se acomoda en la sala de su casa en San Borja, un distrito limeño. “El jefe de la base, Carlos Vásquez Zegarra me ordenó que me suba al Sukhoi, un cazabombardero de última generación, y derribara a esa nave espía”, dice. Lo cierto es que todos estaban seguros que tan solo era un objeto de espionaje que buscaba hacer fotografías del cuartel arequipeño.

7:15 am. El cielo arequipeño estaba limpio de nubes que entorpecieran la vista para el combate, el clima era el habitual: 15 grados. Santamaría tenía solo 23 años y los deseos de cumplir su  primera gran misión a la perfección. Parecía sencillo, el globo no se movía, se había quedado a una altura de 600 metros, perfecto para derribarlo. El piloto despegó, se elevó a unos 2500 metros para tener ventaja en el ataque. Se preparó para un asalto que no tomaría más de un par de minutos. Apuntó, alistó y disparó una ráfaga de 64 obuses de 30 mm, capaces de derribar a cualquier enemigo. El impacto debió ser letal. Pero no fue así.

Tras la nube que se formó por el intenso humo de la ráfaga, Santamaría observó que el enemigo no había sido derribado. Al contrario, este se elevó a gran velocidad. Entonces empezó la persecución. “Yo trataba de acercarme para atacarlo, pero se alejaba velozmente, hasta que en un momento se detuvo súbitamente”. Una maniobra imposible incluso en los tiempos actuales. El piloto peruano tuvo que esquivarlo para evitar el choque inminente. El enemigo se elevaba cada vez más: 11 mil metros, 14 mil, 16 mil. Tras veintidós minutos de vuelo, la nave de Santamaría se encontraba por encima de los 19 mil 200 metros, superando sus propios límites y poniendo en grave riesgo su vida.

“El combustible se agotaba, a esa altura no podía realizar movimientos rápidos, entonces decidí que era momento de regresar a la base, mi misión no había sido un fracaso: había alejado al enemigo”.Para volver debía pasar cerca del enemigo, a unos cien metros. Lo hizo. La sorpresa casi lo hace caer de espaldas. La nave a la que se había enfrentado tenía la forma de un globo o foco, era de metal, y no tenía ventanas ni motores por ningún lado. “No lo podía creer, tuve miedo, me dije qué es esto”.

Santamaría contó lo sucedido a sus superiores. Le creyeron. Pero la orden fue guardar la información, como un secreto. No querían que periodistas ni curiosos llegaran en grupos a la base. Durante dos largas horas el enemigo estuvo en lo alto del cielo, vigilándolos. Luego se marchó.
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Cuando tenía ocho años, Oscar Santamaría soñaba con volar. En Ica, la ciudad donde nació en  1957, constantemente sus tíos paternos le contaban sobre la sensación de estar en los cielos. Por eso, cuando acabó la escuela secundaria no hubo la necesidad de preguntarle a qué se dedicaría. Todos lo sabían: iba a ser piloto. A los dieciséis años ingresó a la Fuerza Aérea Peruana, dos años más tarde por sus buenas calificaciones se convirtió en alférez.

Antes de aprender a manejar un carro, el joven Santamaría podía vanagloriarse que el piloteaba un avión sin dificultad. Y era cierto. Estuvo de servicio durante cinco años en la Base Aérea El Pato, en la ciudad de Talara, al norte del país. Luego fue traslado a la Base Aérea La Joya, por sus buenas habilidades para disparar.

Tras el suceso, la vida del piloto cambió. Empezó a informarse sobre avistamientos de ovnis en el mundo. Compró libros y revistas que se relacionaban con el tema, leyó de golpe  “Yo visité Ganímedes” de Yosip Ibrahim. Pero sobre todo, esperó que vinieran por él.  “Estaba seguro que vendrían por mí; no tenía miedo, al contrario estaba dispuesto a irme con ellos, la tecnología con la que contaban me atraía. Tenía mis cosas empacadas”.

Ese día nunca llegó. Con el tiempo, Oscar subió de rango, llegó hasta comandante,  siguió cursos en el extranjero, se casó, tuvo dos hijos, se licenció y empezó a trabajar en la aviación comercial como asesor de seguridad de vuelo. La anécdota de su enfrentamiento con un ovni pasó a ser una historia curiosa entre amigos, un motivo de conversación al paso en reuniones familiares. Casi un olvido.

Las cosas cambiarían en diciembre del 2001, cuando la Fuerza Aérea Peruana (FAP), al igual que muchas instituciones militares en el mundo, creó un departamento exclusivo para investigar sucesos extraños en los cielos, bajo el nombre de Oficina de Investigación de Fenómenos Aeroanómalos (OIFA). El caso de Santamaría era el que más credibilidad tenía dentro de la FAP. Se le pidió su testimonio.

Aceptó a regañadientes, aunque solo escribió un texto en el que contaba los detalles. Revistas y diarios peruanos prestaron atención al caso. Santamaría no habló. Con el paso de los años accedió a tímidas entrevistas e invitaciones a conferencias en el extranjero. Luego entendió que su testimonio era valioso.

En noviembre del 2007, la periodista estadounidense Leslie Kean le envió un mail. En este correo le explicaba que lo invitaba a participar en un evento internacional del The National Club Press en Washington, que reunía a catorce ex –militares del mundo que habían tenido una experiencia con seres que no eran de este mundo. No solo eso, Kean le informaba que había descubierto su caso tras indagar en los papeles desclasificados del Departamento de Defensa de los Estados Unidos.

Santamaría aceptó de inmediato. Instalado en el país norteamericano revisó el comunicado y se enorgulleció. En el fondo era una prueba para todos aquellos que no creían en su relato. Durante los cuatro días que duró el evento, compartió anécdotas con pilotos de Israel, Francia, Chile, Ecuador y demás países. Al final llegó a una conclusión: era el único que había podido dispararle a un ovni, los demás  no lo lograron. Cuando lo intentaron, sus sistemas de ataque se bloquearon.

Meses después, en febrero del 2008, el canal norteamericano History Channel le solicitó una entrevista que se transformó en un especial de más de 50 minutos para el programa Cazadores de ovnis. El documental se transmitió en todo el mundo en octubre de ese año. Santamaría se hizo famoso. Brindó entrevistas en canales peruanos y extranjeros, sus amigos lo felicitaron, su familia se acostumbró a recibir llamadas y él recibió decenas de invitaciones para participar en conferencias. Muchos le creyeron, otros tantos no.
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Hoy, el piloto pasa sus días como instructor de vuelo en Taca Perú, una de las aerolíneas más importantes del país. Los fines de semana los deja para su familia, compuesta por su esposa y sus dos hijos: un joven ingeniero y una jovencita a puertas de acabar la secundaria.  Al menos dos veces por mes lo invitan, con todos los gastos pagados, para que departa su experiencia sobrenatural en alguna ciudad latinoamericana. Los ovnis nunca pasan de moda. Acaba de rechazar una invitación a Ecuador y otra a Argentina. Dice que no vive de esa anécdota, que tiene que trabajar. “Me invitaron a Ecuador por quince días, le dije a la persona que me invitó lo que le digo a todas: mi trabajo está primero”.

El piloto que quiso derribar un ovni sin saberlo ya tiene más de medio siglo de edad.  En estos últimos años no solo ha perdido el cabello sino también las ganas de hablar sobre el tema en particular. “Habrá quienes crean en lo que digo, otros creerán que soy un charlatán. Pero qué ganaría con mentir, jamás alguien me ha pagado por mi testimonio”.

Solo hay un consuelo para este hombre. Cuando se pruebe, y no queden dudas, que los extraterrestres existen, su testimonio pasará a la historia. Mientras tanto solo le queda observar el cielo limeño despejado de platillos voladores y soltar un ùltimo pensamiento. “El primer hombre que le disparó a los extraterrestres. Bonita historia para contarle a mis nietos, ¿no?”

domingo 11 de septiembre de 2011

¿Existe el deportista perfecto?




Hay quienes piensan que un deportista de alta competencia es exitoso gracias a poseer un ADN especial. No obstante, hoy la ciencia deportiva ha demostrado que no todo depende de la naturaleza. ¿Qué debe tener un deportista para ser el mejor del mundo?


Los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 dejaron claro que el mundo del deporte no volvería a ser el mismo. Nunca antes ciento cuarenta y tres récords deportivos se habían superado en una sola olimpiada. El jamaiquino Usain Bolt, por ejemplo, considerado el hombre más rápido sobre la tierra, logró reducir a 9.69 segundos la marca de los 100 metros planos. Así también, el nadador Michael Phelps obtuvo ocho medallas de oro, un récord jamás registrado. Si bien el desarrollo en tecnología deportiva (calzado, vestimenta, maquinas para entrenar) ha ayudado mucho en el desempeño de los atletas de alta competencia, aún quedan algunas preguntas por contestar: ¿qué debe tener un deportista para vencer los límites del cuerpo humano? ¿Sólo es cuestión de talento o de un riguroso entrenamiento? ¿Acaso existe el deportista perfecto?

Las claves
La primera respuesta puede encontrarse en los genes. Un estudio realizado el 2008 por expertos de Escocia y Jamaica lo dice: la genética de los jamaiquinos, como Usain Bolt, los hace competentes para las carreras, pues tienen hasta 40% más de fibras Actina A en las piernas. Éstas les ofrecen un rendimiento especial en los esfuerzos de alta intensidad, como las carreras de 100 o 200 metros. Por su parte, Michael Phelps, posee una anatomía que parece estar diseñada para el agua. Sus brazos extendidos alcanzan los 2.8 metros, cuando lo normal es que deberían medir al igual que su estatura (1.96 metros), esto hace que sus brazos funcionen como palancas perfectas para impulsarse en el agua. Además, posee una doble articulación en sus tobillos que le permiten movilizar los pies con gran agilidad como verdaderas aletas.
Pero tener el físico adecuado tal vez no sea suficiente. El doctor Carlos Benítez Franco, de la Institución de Deporte y Medicina de Argentina, cree que también hay que desarrollar tres aspectos fundamentales a la hora de formar estrellas del deporte: 1) el entrenamiento, que debe tener en cuenta aspectos físicos, técnicos y estratégicos; 2) la nutrición, basada en cantidad, calidad y adecuación para cada deportista; y 3) «el entrenamiento invisible» que son las condiciones de vida o hábitos saludables que el deportista practica, como el no fumar o dormir adecuadamente. Sin esos tres factores, un deportista con talento natural podría convertirse en sólo una promesa incumplida. O como dice el médico deportivo Julio Grados. «Si hay un chico que quiere ser el mejor futbolista y nace con buen físico y bastante predisposición, pero no trabaja  adecuadamente, se puede perder un deportista de alta competencia».
¿Entonces puede existir el deportista perfecto? Para el doctor Julio Grados es muy difícil que exista alguno. «Los deportistas son humanos y no robots», explica Grados. «Siempre habrá un déficit de algo. Se hace de todo para que el deportista sea de élite, el mejor, pero que llegue a ser perfecto es imposible». Pensemos sino en Rafael Nadal, uno de los tenistas con mayor potencia del mundo y que más de una vez ha salido derrotado de la cancha. «El día que exista un deportista perfecto será cuando las lesiones jamás ocurran», dice Grados, quien recuerda que Nadal ha sufrido lesiones que han mermado su palmarés profesional.

El poder de la mente
Lo que un deportista piensa sobre sí mismo también es muy importante. «La parte psicológica es fundamental», dice Julio Grados, quien como doctor de la selección peruana de fútbol es una voz autorizada. «Si un deportista no tiene la convicción de que destacará en algún deporte, está perdido». El futbolista argentino Lionel «La Pulga» Messi es una prueba de ello. A pesar de que sufría una extraña enfermedad hormonal que no le dejaba ganar estatura, su talento y determinación pudieron más que las trampas de la naturaleza. De hecho, Messi –elegido por la FIFA como el mejor jugador del mundo en el 2009– no sólo piensa en fútbol: también su «entrenamiento invisible» es el mejor pues jamás ha estado involucrado en escándalos.
Genética, talento, nutrición, entrenamiento, integridad y, por supuesto, mentalidad ganadora. La búsqueda del deportista perfecto quizá termine por ser una suma exacta y equilibrada de cosas que todo deportista debe luchar por conseguir.